Empatía
El día de hoy, en lo que estaba paseando a mi perro, me topo a la salida de la venta de tortillas con otro perrito, parecido de forma, pero más moreno y colocho. Se pusieron a jugar un rato, y ya que nos íbamos me volteo ya para irme con el perro mío y...
Crac.
El perro que me topé acababa de ser atropellado. No duró dos minutos. Eso en sí fue impactante, pero lo más aterrador del asunto fue la falta de empatía de toda la demás gente a mi alrededor. El chofer vio que hubo un accidente, notó que nada se podía hacer, y arrancó. La aparente dueña del animal y su hijo, para mi sorpresa, no reaccionaron casi, cuando mucho con la empatía de quien se le quiebra un traste. La única queja que oí fue de que el perro, o lo que quedó de este, obstruía el tránsito; a mí me tocó correr al pobre a la acera, y en ese momento noté, con lujo de detalles, la gravedad de la herida que lo terminó.
Después de eso, ya con el perro de vuelta en casa, pude recuperarme un poco del susto. Mi perrito estaba sano y salvo, quizá extrañado de que el otro perro con el que jugaba hace un momento estaba ahora dormido de repente en un charco. Pero lo que aún no me saco de la cabeza es que, sin pretenderlo, reaccioné con más empatía que la propia dueña del finado.